Por su protagonismo en el rendimiento, cualquier disfunción muscular impacta negativamente en la velocidad, resistencia y fuerza durante el ejercicio. La atrofia muscular, local o generalizada, disminuye la fuerza muscular. Los calambres, contracturas y roturas musculares, al ser muy dolorosos, también disminuyen el rendimiento deportivo y se necesita experiencia para su diagnóstico. Las miopatías de esfuerzo producen dolor muscular generalizado y pueden estar provocadas por causas adquiridas, extrínsecas al músculo, o causas hereditarias, intrínsecas al músculo. Se conocen 5 miopatías de esfuerzo crónica (rabdomiólisis de esfuerzo recurrente, hipertermia maligna, miopatías por almacenamiento de polisacáridos tipo 1 y tipo 2, y miopatía miofibrilar). Se caracterizan por rabdomiólisis, intolerancia al ejercicio y (frecuentemente) elevaciones séricas de enzimas musculares. Muestran susceptibilidad racial y su abordaje diagnóstico (basado en signos clínicos, biopsia muscular y/o testaje genético de alguna mutación), se orienta en función de la raza afectada. La manipulación de la dieta y la realización de ejercicio son las únicas recomendaciones terapéuticas eficaces para el manejo de las miopatías de esfuerzo recurrentes.

